Nuestra Experiencia en una Residencia
Tras varias semanas visitando una residencia, poco a poco vamos
observando y orientándonos en cómo es la vida dentro de ella. Tenemos una enorme curiosidad
por saber y aprender sobre las personas mayores.
Lo cierto es que
dentro de la residencia hay días buenos y días en los que todo está más
apagado.
Una de las cosas que más nos ha llamado la atención son la
cantidad de actividades que se realizan allí: fiestas de
disfraces, talleres de todo tipo, incluso un calendario en el que los
propios ancianos participaron como figurantes de escenas de películas famosas en cada una de sus
páginas. Esto es algo que chocó contra nuestra imagen sobre la residencia. No
éramos conscientes de la cantidad de iniciativas que llevan a cabo las personas
que trabajan allí. Todas estas actividades hacen que la vida de las personas
mayores allí salga de la monotonía o incluso que disfruten de esos momentos, ya
que en ellos mismos se pueden apreciar distintas opiniones sobre cómo viven la
estancia en la residencia. Pues hay a quienes les encanta estar continuamente
rodeados de otras personas de su misma edad. Varios abuelos nos decían que la soledad es el peor sentimiento que una persona puede tener y que si algo bueno tiene la residencia es eso, que siempre estás acompañado.
Otra de las cosas que nos sorprendió y en
la que todos estuvimos de acuerdo es que la residencia sobreprotege mucho a los ancianos y cualquier movimiento que
realicen y que los trabajadores crean que puede ser peligroso para el anciano es supervisado. Incluso con ancianos que se encuentran en
perfecto estado de salud y que pueden realizar muchas actividades sin necesitar
ayuda. Esto provoca que las personas mayores tengan cada día menos independencia. Incluso, en algunos casos, esto genera en la persona mayor una actitud
soberbia y prepotente, en respuesta, creemos, al menosprecio de ser tratados como niños.
Sorprendente fue también el comentario de uno de los ancianos
con los que hablamos. Afirmaba que un grupo de jóvenes y un grupo de la tercera
edad no pueden llevar a cabo una conversación ya que cada uno pertenece a una
generación muy distinta. A nosotros no nos lo parece porque lo cierto es que
todos aprendemos; los unos de los otros. Ellos nos enseñan momentos por los que
han pasado y sus propias vivencias, desde que eran jóvenes hasta hoy día; y
nosotros, los jóvenes, les enseñamos un nuevo estilo de vida ¿o acaso no
evolucionamos gracias a ayudarnos los unos a los otros?
Y una reflexión generalizada, en la que muchos ancianos y ancianas nos han insistido mucho, es la del paso del tiempo y la fugacidad de la vida.
Nosotros admiramos de
muchos de nuestros ancianos el duro recorrido de sus vidas, y también por toda su sabiduría y conocimientos que con el tiempo se han ido
curtiendo, ya haya
podido disfrutar de una educación digna o no. Quizás una de las
cosas que más asusta a la gente de llegar a la vejez, es el periodo por el que
tienen que pasar de grandes pérdidas o incluso de la monotonía, pero de lo que
tenemos que hacernos a la idea es disfrutar de todo nuestro recorrido, cuidarnos
y conservarnos de la mejor de las maneras; y también, protegernos unos a otros para así
llegar en plena forma a ser como las personas mayores a las que admiramos.


Totalmente de acuerdo, tras haberme informado sobre cómo realmente es la vida en las residencias ante la duda de si ingresar o no un familiar...llego a la conclusión de que los centros geriátricos aportan una gran ayuda a aquellas personas que por diversos problemas (económicos, falta de tiempo) como es mi caso, no pueden cuidar a un padre, madre o abuelo desgraciadamente.
ResponderEliminarDestacar que si finalmente ingresamos a un familiar en una residencia, debemos hacerle sentir que no está solo, visitándolo muy a menudo y saliendo con él.
Muchas gracias, me ha sido de gran ayuda.